CARNAVAL DE PIASCA 2019, SÁBADO 23 DE FEBRERO.

CARNAVAL DE PIASCA 2019, SÁBADO 23 DE FEBRERO.

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CARNAVAL DE PIASCA 2019

Año tras año, llueva, truene o nieve si hay una cita imprescindible esa es “El Carnaval de Piasca”.

Ya tenemos fecha para el tradicional Carnaval de Piasca también denominado “Andruido en la Paré de Piasca”. Será el próximo día 23 de Febrero, y como cada año, esperamos superen nuestras expectativas en originalidad y espectacularidad, inundando de color y espectáculo cada rincón de esta bella localidad lebaniega que es Piasca para el disfrute de sus numerosos vecinos y visitantes. La fantasía inunda las calles trayendo un día de diversión, baile y, sobre todo, muchos disfraces.

Es el Andruído, antiguo carnaval rural, de origen perdido en los tiempos, tal vez rememorando en los Zamarrones la fiereza de las hordas de guerreros de las tribus cántabras, las fiestas paganas en honor del dios Jano de influencia romana, o el desenfreno consentido previo al recogimiento cristiano de la Cuaresma,…o todo junto y agitado, sólo las nubes que se paran recostadas en la Cordillera Cantábrica saben de esta tradición que entronca relación con otras similares que unen regiones y países.

Tú puedes disfrutarla  de nuevo gracias al empeño de la Asociación “Andruído en la Paré de Piasca” y sus colaboradores que nos ofrecen recorridos y revueltas de Campaneros, Zamarrones, Oso y Comparsa, rememorando sus ancestrales correrías por las emboscadas angosturas de los valles lebaniegos.

Manteniendo hoy viva, una tradición oral que nos cuenta cómo los Zamarrones, mozos de los pueblos, vestíanse con base de ropajes blancos para destacarse con máscaras de animales, rostros de pintura oscura, tocados de cornamentas y cintas de colores en capirote al viento, tañendo campanos de ahuyento de males y aviso de su llegada. Ya reforzados en Comparsa, perseguían por las callejuelas a los niños que les tintineaban incitándoles con campanucos al jolgorio de la persecución hasta que los infantes se rendían soltando  los sus campanos so pena de seguir siendo acosados por los palos y escobas de los incansables Zamarrones, que también intentaban manchar a las mozas ataviadas de fiesta. Juerga.Baile.

Las Comparsas, irredentes, iban recorriendo los pueblos de los valles, durmiendo donde cuadraba y pidiendo por las casas sustento para reponerse del esfuerzo y prolongar la fiesta varios días, dice así el chascarrillo;

“Sábado Frisuleru, Domingo Torrezneru, Lunes Buen Puchero, Martes el Gallón y …Miércoles se acabó la Función “

(El Miércoles de Ceniza comenzaba la Cuaresma, con costumbre de tomar ” la parva“, untar en orujo un pedazo de pan y a partir de ahí, guardándose ya el correspondiente ayuno).

Como muy bien describe Gustavo Cotera en texto que viste sus excelentes ilustraciones rebosantes de cariño hacia la tradición y etnografía, recopiladas en su libro El Traje en Cantabria que citamos: “En Liébana, los Zamarrones de Piasca y pueblos limítrofes perseguían con especial saña a los críos que salían a tocar los campanos por Carnaval. Apenas la chiquillería columbraba los temidos cucuruchos , escapaban cada uno por un lado; algunos, sabiendo que si soltaban el esquilón las máscaras desistían de darles alcance, tiraban tan comprometida carga al río o a un bardal; pero era un deshonor infantil dejarse arrebatar el campano por aquellos pavorosos monstruos, por más engulleran los niños crudos y arreasen unos escobazos que alampaban.

Lo cierto es que daba respeto ver venir por la sierra aquella horda espectral, en muda y velocisima carrera, desventíus abajo: vestían los Zamarrones de blanco, las jaldetas de la camisa fuera, quizá como ramplón sucedáneo de las enaguillas que trajeran en otras épocas: escarapelas de largas caídas salpicaban el traje aquí y allá, y una pañoleta de flecos ceñía el pescuezo; de él arrancaba un horripilante marcarón en piel de oveja, conejo, zorro o asno, donde una serie de despojos de distintos animales -orejas de liebre o de venado, retorcidos cuernos de meco (chivo) o de marón (carnero), picos ganchudos, crines bermejas, colmillos de jabalín…- recreaban un ser de pesadilla, capaz de codearse con los más ilustres demonios tibetanos; fundíase a la más cara un cucurucho tan exageradamente alto que dejaba chiquitos a cuantos capirotes han sido, y es cosa increíble que con tamaño pináculo en la cabeza corrieran como centellas, dando escobazos a mansalva; todo el chapirón iba recubierto de papeles de seda con largas tiras de lo mismo ondeando al viento”.